Pues no he parado. Ha sido uno de esos días en los que he andado de la ceca a la Meca sin descanso. Apagando fuegos provocados por decisiones corporativas pasadas (y absurdas) y de las cuales nunca fui responsable, solo un simple ejecutor.
Pero, al menos así parece, lo he conseguido. La crisis creada por los inútiles esta en vías de solución, y todo han sido parabienes. Menos del jefe, que como de costumbre no se ha enterado. Pero que le vamos a hacer, este mundo no es perfecto.
No es la primera vez que me he referido en esta bitácora a los mandos intermedios mediocres, y por eso mismo no me voy a entretener en el tema. Total, ¿para que? Solo serviría para acabar de ponerme de un humor de perros, y cualquiera que se mueva en el mundo empresarial sabe de lo que estoy hablando.
El caso es que, a pesar de todo, hoy me podré ir a casa con la satisfacción del “deber cumplido”, aun a sabiendas que esta es una frase demasiado manida y en muchas ocasiones falsa.
El deber cumplido debiera de haber sido otro. Debiera de haber consistido en ser valiente exponiendo a los inútiles y de ese modo evitar para la empresa perdidas de tiempo, imagen y dinero. Ese hubiera sido el autentico “deber cumplido”
Claro que para hacer eso hay que tener un buen colchón economico que amortigue la caída en picado caso de que los mediocres utilicen sus contactos y decidan mandarte al paro.
Y como no tengo ese colchón, ni la juventud necesaria para lanzarme de nuevo a la aventura de “comenzar de cero” seguiré apagando fuegos y mirando hacia otro ante las chapuzas que provocan los mismos. Es una cuestión de supervivencia.
Soy un cobarde, lo reconozco, pero un cobarde con responsabilidades que me impiden mandarlo todo a paseo por una cuestión de orgullo.
En fin, al menos me queda la bitácora para descargar en ella mis frustraciones. Espero no aburrirles.
Un saludo