La corbata del ministro
Al señor ministro no le da la gana ponerse la corbata y al presidente de la cámara eso no le parece bien. Ahora otro ministro decide "descorbatarse" y Pepiño dice que cada uno valla como le de la gana. ¡Que tema más trascendente! El "encorbatamiento" o no de los señores ministros. Para mearse de la risa.
Hombre pues que quieren que yo les diga, por una parte (y sin que sirva de precedente) comparto la opinión del Sr. Blanco. “Laissez Faire” pero por la otra pues estoy con Bono, por aquello de guardar las formas.
Y si hace calor, pues que aguanten un poco, que al fin y al cabo también va en el sueldo eso de guardar las formas a pesar del calor.
Siempre he sido reacio a llevar corbata, pero en muchas ocasiones no me ha quedado otro remedio que hacerlo.
Cuando estoy en la oficina y no tengo previsto el verme con nadie, pues la corbata no existe. Total ¿para que? Aunque por si acaso, siempre tengo una a mano, en uno de los cajones de mi escritorio. Nunca se sabe.
Pero cuando estoy de visita profesional pues la corbata esta ahí porque, aunque no me guste, es parte de la cultura corporativa en la que tengo que moverme. No es un capricho, sino una imposición, un uniforme si prefieren decirlo así.
Hace unos meses hice un viaje de negocios a Rumania. Hacia calor, mucho, y en las oficinas no había aire acondicionado. Pero la corbata estaba ahí, y no solo la mía, sino la de los colegas a quien fui a visitar. Lo que son las cosas, logre sobrevivir.
Y ni les cuento la cantidad de veces que tras abandonar una reunión de negocios me he dirigido al estudio de la radio en Londres sin poder cambiarme y por tanto con la corbata a cuestas, utilizando el metro londinense con sus olores y su calor insoportable (ríanse del metro de Madrid) y a pesar de la corbata pues sigo vivo.
Con eso no quiero decir que el Sr. Sebastián no tenga razón. Pero o todos, o ninguno. O todos los miembros y miembras se desmadran, o todos y todas guardan las formas. Creo que es lo justo. Y por aquello de las dudas, esto lo dice quien se caso en cinco minutos, sin corbata, y en vaqueros raídos.
Para mí, que detrás de esta absurda polémica se esconde algo más. No se porque me pega que, por mucho que lo intenten disimular, Bono y Sebastián no andan bien avenidos, y de ahí los sarcásticos regalos: Una corbata para el descorbatado, un termómetro entregado a cambio. Eso, o se trata de seguir desviando la atención de los españolitos por aquello de la crisis que no es crisis que se nos viene encima, ahora que lo del fútbol se ha terminado. ¡Valla Ud. a saber!
En fin, parece que todo va bien cuando estos son los problemas que ocupan las primeras páginas de los periódicos.
Un saludo


lascosasdepepe dijo
un abrazo.
3 Julio 2008 | 08:14 PM