Me duele el estomago, y no se el por que. Seguramente algo me ha sentado como un tiro, aunque en realidad no se como sienta un tiro, es imposible que pueda saberlo. Ni me han disparado ni he osado cruzar la línea que divide cordura de locura, según los convencionalismos al uso. Es decir nunca me he suicidado. Además, como no fuera con la pistola de mixtos… porque de la otra, por poco tiempo y en la mili.
Pero a lo dicho me duele el estomago, y sigo sin saber por que.
Quizás es porque no les hago caso a los científicos, investigadores o cantamañanas con ínfulas. Porque en muchos casos eso es lo que son.
Imagínense que ahora vienen y nos cuentan que comer Bacón también produce cáncer. Bueno, Bacón, carne roja, ingerir alcohol, y una extensa lista que ha aparecida publicada en varios rotativos británicos.
No han tenido bastante con joder a los que disfrutaban del pitillo. Ahora vamos a por todos.
Parece que estos individuos no se enteran de que todos, incluidas sus pluscuanperfectas eminencias, estamos condenados a morir mas tarde o mas temprano. La vida es una enfermedad y es mortal de necesidad. ¿Acaso existe la mas mínima posibilidad de quedarse en este “valle de lagrimas” eternamente y hacerlos con la misma vitalidad, energía agilidad, etc. como cuando andábamos en nuestra adorable juventud? Me temo que no.
Pero además pensándolo un poco mas ¿Qué tipo de vida seria esa?
Sin poder probar una simple comida apetecible por miedo al cáncer. De fumar, ni hablemos, porque es del todo inaceptable. Nada de pegarle al porrón porque la salud se resiente, siguiendo con estos extremos, de sexo tararí que te vi, porque también dicen que es potencialmente cancerigeno, al menos para las féminas. ¿Quién quiere que una vida tan aburrida se transforme al mismo tiempo en cuasi eterna? Personalmente, casi como que no. No me apetece mucho, y creo que a muchos de Uds. Tampoco. Vamos que el índice de suicidios, seguro que se dispara en ese mundo “ideal”
Hace un par de días uno de los lectores de esta columna entraba en un debate sobre el cambio climático, mostrando su escepticismo, así como ciertas reservas con las aptitudes de algunos ecologistas.
Sin llegar a coincidir del todo con este lector, si que llegué a aceptar la existencia de un subgrupo al que me referí como “ecologistas coñazo” y sigo pensando que individuos que responden a tan irrespetuoso calificativo, existen.
Del mismo modo creo que no es exagerado afirmar la existencia de “científicos coñazo”, es decir aquellos que parecen disfrutar con hacer que los demás nos sintamos hechos polvo. Son esos individuos que pasan mas tiempo investigando nuestros malos hábitos, que por otra parte todos sabemos tenemos, en vez de injertar buscar un remedio para quienes ya han caído en los miles de trampas gastronómicas, muchas de ellas insalvables, porque a nadie le amarga un dulce y todos, creo yo, disfrutamos con una buena comida, bien sea animal, como el Bacón que ahora nos quieren prohibir, como vegetariana, que ya verán que pronto también nos dan la lata con ello. Es cuestión de tiempo.
A lo dicho, me duele el estomago. Ya se, me lo merezco por no hacer caso a los científicos, coñazos con batas blancas, que intentan dictar como hemos de comportarnos si queremos ser una especie de ángeles terrenales sin alas, buenos, saludables y…. eternamente aburridos.
Un saludo