Pregunta:
¿Es el agresor del metro de Barcelona un racista?
Respuesta:
Si. Sus forma de hablar mientras propinaba la paliza mediática así lo indica.
Pregunta:
¿Son los agresores marroquíes del metro de Madrid racistas?
Respuesta:
Puede que si, y puede que no. No hay evidencia que indique lo uno o lo otro.
-¡Pero los hechos son muy similares!
-De acuerdo, eso no lo niega nadie. Pero seguimos a día de hoy sin saber si al mismo tiempo que cometían la agresión física sus pensamientos eran de odio a la victima por el hecho de pertenecer a otra cultura. No lo sabemos y por tanto no puedo opinar al respecto.
No podemos equivocarnos. Aunque una agresión es siempre una agresión, independientemente de los motivos que la causen, no es lo mismo. Una es el resultado de odio visceral (amplificado por el alcohol) contra quien es diferente, el otro quizás sea un producto de una cultura de la violencia que admite la agresión física para alcanzar otros fines, por ejemplo la cartera de la victima. En otras palabras, el agresor no siente ningún tipo de animadversión contra la victima. Se trata tan solo de una lamentable consecuencia ligada a una acción criminal en la que el agresor no tiene motivos personales para castigar a la victima, lo que en muchos casos (lamentablemente no en todos) se traduce en que no existe el ensañamiento inherente en los casos xenófobos.
-Pero las Ostias, ostias son
-Que si, que eso no lo niega nadie, que un puñetazo o una patada en la cara duele igual sea cual fuere el motivo. Pero si este acto va acompañado de un sentimiento xenófobo, el dolor llega al alma.
Al fin y a la postre el hecho de ser victima de cualquier tipo de crimen es algo que tenemos asumido, por mucho que nos moleste.
Es parte del riesgo de vivir en sociedad (me niego a poner el “esta” ya que el crimen ha estado omnipresente en todas las sociedades, aunque tendamos a creer que ahora la cosa esta desbordada”
Por el contrario saber que alguien te odia por lo que eres, o por lo que no eres duele en el alma y eso lo dice alguien que ha sido una victima del racismo.
Duele en el alma porque es difícil de comprender que alguien sea capaz de descargar sus frustraciones contra uno mismo por el mero hecho de ser diferente, ya sea debido al color de la piel, al idioma, al acento, una incapacidad física o psíquica o incluso al color del pasaporte.
Es necesario ponerse en la piel de una victima de la xenofobia para saber lo que significa la palabra miedo.
Miedo a ser atacado en cualquier momento, a que tu casa sea incendiada, a que tus hijos sufran una agresión a que el perro aparezca envenenado.
Miedo a que los que llevan a cabo esas acciones no sean individuos aislados sino toda una sociedad, incluidas sus instituciones.
Miedo a sufrir las consecuencias de ser diferente en el trabajo, en el Púb., en la universidad.
Miedo a la policía que pasa de defenderte o que incluso será capaz de arrestarte para “evitar males mayores”
MIEDO con mayúsculas.
Con la autoridad que me confiere haber sido una victima de esos degenerados me permito hablar de ello y hacer publica una experiencia que ha dejado secuelas psíquicas y físicas:
Mi pelo, negro como el carbón se volvió blanco como la espuma. Mi piel tersa se plago de arrugas. Mi juventud, ficticia lo se, desapareciendo de improviso dando paso a una prematura vejez.
Mi espalda permanece en un estado de dolor constante debido al stress.
Mi carrera universitaria se resintió, perdí un año innecesariamente.
Mi confianza en el ser humano, cayo fulminada. Ya na confio en nadie.
Dormir con sueños profundos es cosa del pasado, ya que para sobrevivir hay que vivir en un estado de vigilia permanente.
Ya no hay paz interior. Solo conflicto y depresión.
Eso es lo que ocurre cuando se es victima de la xenofobia, y por eso me niego a que alguien pueda siquiera comparar una agresión xenófoba con una agresión criminal. Lo siento, pero no es lo mismo.
Mas aun tratar de poner las dos acciones en el mismo saco puede desencadenar un efecto indeseado en cualquier sociedad.
Decir que los españolitos/as de a pie están viviendo una pesadilla debido a la presencia de extranjeros es por una parte injusto para con muchos inmigrantes que no hacen ningún mal a nadie, y peligroso pues puede despertar la fiera dormida, los sentimientos xenófobos de quienes siquiera saben lo que es xenofobia.
Y no digamos las alas que les darán a ese grupo de cretinos con la cabeza rapada que paradójicamente militan en ambos espectros del panorama político. Los cretinos quieren eso, que se dispare el pánico social para justificar su propia existencia, cuando ellos son los primeros criminales.
Otra cosa es que tengamos que aguantar al presidente, a la ministra de exteriores y al embajador, en este caso ecuatorianos, tratando de enmendar la plana a las instituciones judiciales españolas e intentando sacar provecho populista con los hechos protagonizados por el indeseable del metro. Eso también es inaceptable.
La justicia es independiente y el juez en este caso no ha hecho sino aplicar la ley, por mucho que a muchos nos disguste el resultado, y por tanto el presidente, la ministra de exteriores y el embajador antes citados debieran de achantar la mui, que es lo propio.
Por ultimo les voy a contar una breve anécdota, y al hilo de ella les propongo un ejercicio:
Una de las primeras veces que viaje a España tras establecerme en el Reino Unido lo hice en el Autobús que une Londres con Madrid, por aquello de que pasa directamente por mi ciudad.
En el mismo viajaban un grupo de jóvenes de regreso a casa tras su estancia de varios meses en Londres. Para combatir el aburrimiento comenzamos a hablar y entre grandes albricias los niñatos destacaban lo barato que era comer en la capital del reino unido…. Porque resultaba muy fácil robar en el supermercado.
Considerando lo mal visto que esta en este país eso de la mangancia tenderil imagínense lo que hubiera ocurrido si estos desgraciados hubieran sido pillados con las manos en la masa. Imagínense los titulares de prensa británica, especialmente de los tabloides cuyas tendencias xenófobas son bien conocidas:
“Españoles con dedos muy largos” y otras lindezas por el estilo hubiera sido publicado, titulares que sin duda hubieran molestado a quienes también siéndolo, españoles, nunca hemos robado nada.
Miren ahora a los titulares de prensa y a los comentarios de esos foros de dios referidos a los marroquíes y a los “sudacas”
una vez hecho, saquen sus propias consecuencias, y con la mano en el corazón díganme si hay o si no hay racismo en nuestra patria.
La respuesta es, por desgracia, afirmativa.
Un saludo