“Pensar que fui a luchar contra los nazis y ahora les tengo situados en el gobierno de mi país”. Así se expresaba el pobre vejete al que la nueva normativa contra el tabaco condenaba a penetrar en el getto, construido al efecto, para poder fumarse un cigarrillo tras décadas de haber lo hecho en su mesa del club.
Y es que el club, como el pub son instituciones británicas con un fondo cultural diferenciado de los bares españoles.
Algunos españoles juegan la partidilla en un bar determinado, pero a la hora del chiquito visitan varios locales. Es el ritual de la procesión etílica de la hora del vermouth o por la tarde después del trabajo.
El Ingles no. El ingles por norma general visita un pub o club y se mantiene fiel al local. Siempre el mismo local, siempre la misma mesa, siempre o casi siempre la misma compañía e incluso las mismas conversaciones.
Por eso la imposición de estas normas contra el tabaco han sido bastante mal recibidas por aquellos para los que el club o el pub es una extensión de su domicilio.
El tabaco forma parte de la cultura tabernaria del club británico. Siempre ha sido así, y es un hecho mas que comprobado la existencia de locales públicos donde los fumadores son una gran mayoría y los no fumadores una minoría que por lo general se muestra solidaria con los adictos.
El reino unido ha tardado mucho en poner en marcha las leyes antitabaco, pero estas han sido draconianas si las comparamos con otros países incluidos España.
Ningún establecimiento publico o privado se ha librado de las restricciones. Se da el caso en que sociedades privadas con amplia mayoría de fumadores han tenido que adaptarse a estas nuevas medidas a pesar de la oposición frontal de sus dueños, es decir los socios.
Pero incluso se ha llegado mas allá. No se les ocurra encender un cigarrillo en el portal de su vivienda porque se enfrentan a una multa. Tampoco lo hagan si están esperando un autobús ya que estarían rompiendo la ley. Incluso en espacios abiertos la sombra de la prohibición se cierne sobre aquellos a los que el estado, cómplice interesado en este trafico de drogas legal, y las compañías tabaqueras, engancharon en el pasado.
Si Ud. necesita que alguien venga a hacer una reparación en su domicilio ha de abstenerse de fumar 20 minutos antes de que la persona en cuestión entre en su casa. Incluso se apunta hacia la posibilidad de que la prohibición acabe extendiéndose a los domicilios particulares, especialmente en el caso de las “casas de los ayuntamientos” el famoso dicho de que la casa de un ingles es su castillo, dejaría de ser valido.
Reconozco que no soy imparcial en este asunto, que para eso soy fumador y lo confieso. Pero ojo fumador que comprende, entiende y asume alguna de las limitaciones, aquellas que liberen a los no fumadores de los humos ajenos. Sin embargo no puedo estar de acuerdo con las normas que restringen mis propios derechos civiles.
Mi edificio tiene 6 viviendas y todos los habitantes adultos de las mismas son fumadores. Hasta ahora, de motu propio, los fumadores saciábamos nuestra adicción en la escalera para evitar males a nuestra familia. De hecho era una especie de hecho social que permitía una comunicación entre los diferentes vecinos con la consecuente creación de un muy buen rollito. Ahora ya no podemos. Hemos de irnos a la calle (siete metros de distancia desde el portal) o encerrarnos en casa con nuestros humos, y nuestros retoños.
Personalmente he intentado dejar el tabaco en varias ocasiones, y en una ocasión lo logre pero fue muy duro, y muy caro. Porque esa es la otra realidad. El mismo gobierno que casi obliga a ponernos una campanilla de apestados a los fumadores, el mismo que hace pingues beneficios con su actividad cómplice en este trafico de drogas, impone la misma carga fiscal a los productos para dejar de fumar por aquello de que contienen nicotina. Claro que se pueden lograr con receta medica, pero eso supone tener que entrar en una dinámica de desintoxicación controlada que muchos adultos consideran es cuando menos excesivamente paternalista, por lo que huyen de ella como de la peste.
En su falso afán por conseguir su visión de una sociedad mas sana, los gobiernos llamados democráticos son capaces de adaptar normas dictatoriales, como en este caso, y eso a la larga siempre acaba mal.
He dicho falso porque si bien es cierto que el tabaco mata, a estas alturas todos lo sabemos, también lo es el que ciertas practicas laborales perjudican a la salud con resultados igualmente mortales. Pero claro esas practicas son permitidas por unos gobiernos ansiosos por mantener contento a las grandes empresas aunque la salud de sus empleados acabe sufriendo hasta llegar a provocar muertes innecesarias.
Por cierto y para terminar, hablando e gobiernos, empresas tabaqueras y leyes antitabaco. Según cuenta la rumorología el gobierno británico propone una reducción de impuestos a las compañías tabaqueras para compensarle0s por las perdidas que la puesta en marcha de estas medidas antitabaco pudiera suponerles? He dicho a las compañías, no a los sufridos adictos que seguirán pagando la misma proporción en impuestos a la hora de comprar sus cigarrillos. De confirmarse estaríamos ante un caso claro de medidas contrapuestas que muestran muy a las claras cuales son las verdaderas intenciones de estos tipos. Así se escribe la historia.
Un saludo
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