La tele de su vida
Antes de seguir adelante quiero dejar muy claro no que no tengo ningún tipo de animadversión personal contra ninguna de las personas o personajes que pudieran aparecer el artículo de Hoy.
Es mas, a la mayoría de ellos no tengo el gusto de conocerlos, ni puñetera falta que hace.
Jesús Hermida, el hombre que en el pasado logró aburrir a las propias ovejas con su estilo repetitivo, que al fin y a la postre de eso se trataba, de ser enfático en el concepto por medio del empleo sin fin de sinónimos encadenados, -se cuenta, se comenta, se dice, se afirma que en la city, la ciudad, la urbe…
Y así hasta el hastío, hasta que caída dormido el ultimo borrego del corral. Pero bueno, era su estilo.
Pues ese mismo, Jesús Hermida, nos hace recordar cada semana pasados televisivos en blanco y negro y nostalgia.
Reconozco que me agrada el espacio y no voy a negar que en más de una ocasión, una imagen, una escena, un segundo televisivo rescatado del olvido ha sido capaz de hacer brotar alguna que otra lagrimilla en mis ojos cansados, y es que la nostalgia es así, conmovedora.
Lo llama la tele de su vida, y es en eso precisamente, en el titulo, en lo que no estoy de acuerdo, porque la tele de mi vida no es la tele del pasado, esa ya no existe, es simplemente historia, material de hemeroteca. La tele de mi vida o de nuestras vidas es la tele actual, la tele en la que siempre salen los mismos, en la que los toreros vivos lloran como plañideras por las tonadilleras muertas, la tele de Jesulin, de la Pantoja, del ex alcalde presidiario, del Ortega Cano o de la Sra. Cayetana, muy duquesa ella.
-¿Cómo lleva su recuperación Cayetana?
-A mi se me ha man cha do el ves ti di to de las flo res co lo ra das con el ca ba lli to blan co.
Que si, que la ¿pobre? Señora es octogenaria y chochea, pero es que lleva chocheando desde que un servidor tiene uso de razón, y conste que deje de ser tetín hace muchas décadas. Personalmente siempre pensé que por muy duquesa que fuera, le otorgaron un juego de neuronas de dudosa calidad.
Esa es la tele de nuestras vidas, el programa con morbo, mezcolanza de crónica negra con pedorrerios sociales varios de gusto dudoso.
Pero al parecer eso es lo que vende, es lo que hace subir audiencias, es lo que permite el que las diferentes cadenas televisivas, incluida las estatales, se hagan de oro gracias a la desgracia de muchos y las bajas pasiones aireadas de una elite mediocre.
La tele de nuestras vidas son interminables discusiones políticas con periodistas abiertamente partidistas donde se habla mucho, se dice muy poco y de malas maneras. Programas donde el público sufre para lograr entender un argumento entre los voceríos de los contertulios que parecen disfrutar con el insulto.
La tele de nuestras vidas son servicios informativos monocolor, ya que el rojo, quiero decir el de la sangre, parece ser dominante, y cuando mas escabrosas sean las imágenes, mejor.
Por eso me gusta el programa del Hermida, aquel que lograba que nos durmiéramos en el sillón con sus recargadas crónicas neoyorquinas, pero que sin duda ha sido y será uno de los grandes del panorama mediático, de ese mundo que ha sido invadido por la mediocridad y lo zafio, aunque ésta se rodee de falso glamour, de pretendida alcurnia, de aristocracia rancia o de culos, barbillas tetas o labios hermosos gracias al bisturí y la chequera.
Gracias Hermida por darnos un reposo aunque solo sea una vez a la semana.
Un Saludo
