Me da miedo comenzar a escribir. Después de lo de ayer, tengo pánico. Escribir sobre alguien sin saber que ese alguien en ese preciso instante estaba falleciendo pone los pelos de punta a cualquiera. Vamos que casi me siento responsable de la muerte del pastor Falwell cuando lo único que hice fue exponer lo que entiendo es fanatismo en su discurso.

No obstante hay que seguir adelante y sin miedo meterle otro puyazo a quien se lo merezca. En este caso le va a caer al actual presidente del banco mundial, y antiguo numero dos del pentágono Paul Wolfowitz, un hombre al que las manos también le huelen a sangre.

El Sr. Wolfowitz hizo las cosas mal.

Le puso a su querida en una posición política que ya quisieran muchos/as y le asigno un sueldo que fue la envidia de la mismísima secretaria de estado norteamericana, Condoleza Rize.

Naturalmente el Wolfowitz le resto importancia al asunto, porque como suele suceder en estos casos, según el mismo, no era responsable de nada malo.

Sin embargo parece que hay muchos en el banco que no están tan convencidos, y le están pidiendo que se valla, antes de que lo tengan que echar.

Pero el presunto criminal de guerra, no olvidemos su pertenencia al ala dura de la administración Bush, aquella llevo adelante la invasión ilegitima de un país soberano, se resiste y ahora suplica que lo dejen seguir.

Me pregunto. ¿sirvieron para algo las suplicas hechas desde todos los rincones del planeta para que el Sr. Wolfowitz y sus colegas se abstuvieran de comenzar la guerra en Irak? Hasta donde yo recuerdo, no. De hecho gracias al Sr. Wolfowitz y sus colegas cientos de miles de civiles inocentes iraquíes han perdido la vida.

No entiendo porque alguien debiera de hacer el mínimo caso a sus ruegos y permitirle seguir mangoneando en el banco.

Esto de los ruegos demuestra por otra parte la falta de dignidad de este individuo. Otros por menos ya hubieran dimitido, y algunos se hubieran mantenido en el puesto hasta que la presión interna les hubiera hecho tomar la iniciativa y largarse con viento fresco. Pero no. El se arrastra y suplica que le dejen seguir.

Pensar que este era uno de esos que iba a imponer “valores democráticos” al resto del mundo… ciertamente da ganas de vomitar.

Perdida la honestidad en el pasado y la dignidad en el presente no se que mas le queda al Sr. Wolfowitz por perder... bueno si lo se, quizas su virginidad anal aunque tambien es posible que esa la perdiera hace mucho tiempo con tal de llegar donde ha llegado.

Un saludo