Energumenos
Juventud Divino tesoro, te vas para no volver. !Que razón tenia el poeta!.
Uno puede ser joven por mucho años. La juventud esta en la mente, no en el cuerpo. Claro que a pesar de esa aptitud a todos, sin excepción, nos ocurre que un buen día nos asomamos a esa ventana indiscreta que es el espejo para encontrarnos con un extraño/a, mucho mas viejo/a que el día anterior, y cuando eso pasa no hay marcha atrás.
Claro que ese no debiera de ser un motivo grave de preocupación, sino mas bien lo contrario. Pasar de la juventud a la madurez es un paso hacia delante y tiene sus ventajas.
El hombre o mujer maduro suele ser mucho mas sensato, tiene muchísima mas experiencia, lo cual es bueno si de enfrentarse a problemas se trata.
Incluso en aspectos como el sexual la madurez es un grado. A la posible falta de fogosidad inherente en la etapa de juventud se le sustituye con experiencia adquirida y la capacidad de dar y recibir placer de forma coherente, sin prisas, simplemente aplicando las técnicas aprendidas tras años de experiencia.
Bob Dylan cantaba aquello de “joven para siempre” y ahora es un madurito rozando la tercera edad cuya música mejora como los buenos vinos, gracias al tiempo, auque halla quien afirme que su voz ya no es lo que fuera. La verdad es que Dylan nunca tuvo una voz como para tirar cohetes, y la clave de su éxito estuvo en su poesía con música.
En mi caso particular he de admitir que me he resistido con uñas y dientes, que he intentado permanecer joven hasta no hace mucho tiempo, hasta que como dije antes un día me asome a la ventana indiscreta del espejo y me encontré conmigo mismo.
Sin embargo este paso al estadio adulto no me ha impedido poner en marcha mi propia banda de blues, cantar en publico con la banda o en solitario, realizar esta bitácora, y un montón de cosas mas. Por cierto que mi esposa, mucho mas joven que yo, no me cambiaria por ningún otro amante. Por algo será.
Una de las cosas que no han cambiado es mi capacidad de divertirme sin tener que darle la bulla a nadie. Uno no es un santo y hay días en que el dios Baco me acoge en sus brazos, como a todos. Y cuando eso ocurre lo disfruto como cualquier otro/a pero sin tocar las narices a nadie. Nunca lo hice en el pasado, cuando supuestamente era joven e inexperto, tampoco ahora con unos cuantos años (y kilos) de mas en el cuentakilómetros.
Todos estos pensamiento me vienen a la cabeza como consecuencia de las noticias acerca de los disturbios en el barrio de Malasaña de Madrid (y por extensión a otras zonas de copas de cualquier otra ciudad)
Escuchaba esta mañana a un periodista hacer referencia a la libertad de los jóvenes para divertirse, y la verdad es que no daba crédito a mis oídos. Libertad, si, claro, seguro que si libertad para divertirse, también. Pero es que en estos casos estamos hablando de multitudes alcoholizadas destrozando el mobiliario urbano, prendiéndole fuego a contenedores o simplemente haciendo tanto ruido que otros ciudadanos, los habitantes de la zona, se ven privados de su libertad para elegir cuando descansar.
El político Fraga es recordado por muchas cosas, pero especialmente por aquella frase de “la calle es mía” . Después de leer opiniones de los juerguistas vertidas en diversos foros de Internet parece que hay muchos Fragas, paradójicamente algunos con banderas republicanas y gritando consignas antimonárquicas, en las calles de Malasaña afirmando lo mismo. Talante.
“la calle es nuestra” afirman los borrachines en sus postings O “que divertido ver a la policía acojonada” como escribía otro. Lo que resultaría divertido, si no fuera por lo patético de la situación es la presencia de tanto energúmeno suelto. Solo por eso, me alegro de no ser joven, para no tener que identificarme con esos tarugos.
Un saludo


nipinchonicorto dijo
Hoy estoy de acuerdo contigo, pero también he de reconocer que yo sí he sido uno de esos maleantes.
A los 14-15 despertó en mí el interés político y comencé a leer e informarme. Bakunin, Malatesta, Godwin y Koprotkin, me convencieron. A todo esto ya tenía los 16 y conocí a unas gentes que se decían anarquistas; los punks. Y bueno, tampoco hace falta que entre en detalles, a los diecisiete y pico dieciocho corté con el movimiento. Aquello no era ni anarquía ni reivindicativo ni nada, una escusa es lo que era. Una escusa para despreciar a todos los demás, que, para colmo se les llamaba intolerantes.
A veces la pasión por una idea o una convicción es tan fuerte que si gozas de poca templanza en algunos momentos te puede dominar. La templanza se va ganando con la edad. Y bueno, roconozcámoslo, las ideas también cambian.
Hasta pronto. Nos vemos.
2 Mayo 2007 | 05:30 PM