Según el presidente de los Estados Unidos de América, no se debiera de dar cuartel a los terroristas. Claro que eso solo cuenta para cierto tipo de terroristas, aquellos que se oponen a los intereses de esta especie de D. Quijote a la americana.

Otros, por el contrario, gozan de inmunidad, y son bien recibidos en el país que supuestamente encabeza la coalición global en la guerra contra el terrorismo. De hecho no sólo son bien recibidos sino que, al menos en el pasado, se les brindan medios y entrenamiento para que sigan adelante con sus actividades clandestinas.

Luis Posada Carriles, el terrorista auto confeso que acabo con la vida de decenas de ciudadanos cubanos, es un hombre libre, cuando su lugar como terrorista confeso, debiera de ser una celda, ¿quizás en su propia tierra, en Guantánamo?

En ocasiones anteriores he afirmado mi creencia de que para acabar con el terrorismo, los cañones y los bombardeos masivos son inútiles. De hecho a pesar de las toneladas de bombas y obuses caídos en Afganistán no parece que el problema del terrorismo halla disminuido, mas bien al contrario.

Tampoco defiendo posturas como la negociación con los terroristas, aunque no dejo de reconocer que en algunos casos un estudio sobre las causas del descontento popular puede indicar las cosas a mejorar para evitar o al menos minimizar resentimientos que, en algunos casos, impelen a que ciertas personas decidan tomar la vía del terrorismo. Claro que eso no implica el que quien ya ha cometido hechos delictivos quede en libertad, y mucho menos cuando el individuo en cuestión se jacta de ello.

Ese es el contrasentido de la administración Bush. Por una parte inflexible pero por otra parte, capaz de dar cobijo a un hombre que tiene las manos manchadas con sangre. ¿Ustedes entienden este doble rasero? Pues yo, no.

Un saludo