Hay veces que tras la dieta informativa a la que me someto durante los fines de semana, me encuentro alguna sorpresa que bien me hace sonreír, me deja perplejo para el resto de la jornada, sobre todo si los temas en cuestión están relacionados con la actividad de nuestros políticos.
El pasado sábado hubo una manifestación en Madrid en contra del terrorismo. No es la primera de este tipo, aunque difiere de las anteriores en la convocatoria.
A la misma asistieron multitud de ciudadanos. Según unas cifras mas de un millón de personas, según otras mas de ciento cincuenta mil. En cualquier caso y sin entrar en la guerra de cifras se puede decir fueron muchos los que decidieron expresar su rechazo al terrorismo y a la política antiterrorista del gobierno.
Pero el consiguiente debate no estaba relacionado con el fondo de la manifestación, sino con las formas. Desde fuentes gubernamentales se acusaba a la oposición de apropiarse de los símbolos nacionales, i.e. la bandera y el himno de todos los españoles.
Personalmente nunca he sido muy patriotero, y por eso mismo da igual el que unos manifestantes utilicen la roja y gualda o la tricolor o lo que les de la gana. En eso no me meto ya que al fin y a la postre es cuestión de gusto.
Pero no dejo de reconocer que las grandes naciones suelen ser aquellas en las que sus ciudadanos, sin importar el credo político, hacen gala de su simbología. No hay norteamericano que se sienta ofendido porque otro norteamericano ondee las barras y las estrellas, como tampoco un británico se sentiría mal por ver la Unión Jack enarbolada por alguien manifestando una ideología diferente. Son pueblos que a pesar de sus problemas, y conste que son muchos, siguen sintiendo el orgullo patrio.
Sin embargo parece ser que en Celtiberia eso no es así. Parece como si nos diera vergüenza el mostrar lo que somos, españoles, a no ser que estemos viviendo fuera de nuestras fronteras. A cuanto vasco, catalán, o gallego enviaba yo a vivir una temporada en el extranjero para que se dieran cuenta de cómo se comportan sus conciudadanos fuera de España. Aquí, en el exilio económico no hay nacionalidades ni tonterías por el estilo. Vascos, catalanes, gallegos, andaluces etc. nos autodenominamos españoles sin que eso nos avergüence. ¿O quizás es que en estos doce años sólo me he topado con fascistoides de la derechona celtiberica? Pues no. He encontrado de todo. Socialistas, Comunistas, republicanos, monárquicos, miembros del Opus dei y anarquistas teoricos como un servidor.
Pero si algo es vergonzoso es que ahora sean los políticos los que como dije antes, olviden el contenido de la protesta y solo se fijen en las formas. ¿Será que desde posiciones gubernamentales se sigue sin querer reconocer que las medidas antiterroristas propuestas son todo menos populares? Quizás sea eso, y para tratar de desacreditar la propuesta se acude al viejo truco de identificar símbolos patrios con tiempos pasados que mejor haríamos en olvidar.
Un saludo
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Amen
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