El avión estaba a punto de despegar cuando entre algunos miembros del pasaje cundió el pánico. En la cabina del mismo había dos individuos de apariencia sospechosa hablando en una lengua incomprensible al mismo tiempo que, de forma reiterada, consultaban sus relojes de pulsera. No cabía ninguna duda para los energúmenos de turno. Se trataba de dos terroristas dispuestos a hacer saltar por los aires el avión de Monarch Airlines que procedente de Málaga iba a trasladarles a Manchester.
Consecuentemente, el grupo de energúmenos inicio un motín y el capitán pidió auxilio as las autoridades de tierra, que procedieron a la detención de los dos sospechosos, su cacheo, el desalojo de la aeronave y el registro de rigor a la búsqueda de artefactos explosivos.
Una vez hecho esto, los pasajeros volvieron al avión y este comenzó su travesía. Claro que no todos los pasajeros estaban a bordo. Los dos sospechosos se quedaron en tierra, a pesar de que como quedo claramente demostrado no eran culpables de nada. Bueno si, lo eran de pertenecer a una etnia diferente, eran culpables de ser asiáticos.
No pongo en duda que una vez aclarado el entuerto las autoridades así como la compañía involucrada hicieron todo lo posible por hacer la forzosa estancia de estos dos ciudadanos lo mas grata posible. Claro que hay cosas que ningún tipo de compensación pueden evitar, y es el daño psicológico causado a estas dos personas, que sin beberlo ni comerlo se vieron discriminados por, y con respecto a, el resto del pasaje.
Los energúmenos por su parte se fueron de rositas, lo cual, según yo entiendo, es injusto. Ellos fueron los que con su actitud se situaron al margen de la ley. Ellos fueron los que debieran de haber sido detenidos y puestos a disposición judicial por los delitos de desordenes públicos así como por el marcado carácter racista de su actitud. Y otro tanto debiera de ocurrir con los responsables in situ de la compañía aérea, ya que su negativa a retrasar el vuelo y permitir el que esos dos ciudadanos se reincorporaran al mismo les hace cómplice de esta trama racista. Mal, muy mal, cero patatero para todos los involucrados en este suceso, ocurrido el pasado domingo en el aeropuerto de Málaga. Cero a la policía española por detener a las personas equivocadas, y cero para la línea aérea por no ser capaz de mantener bajo control a sus viajeros, así como por no haber esperado a las dos victimas del desaguisado, quienes a buen seguro no estaban precisamente disfrutando en las dependencias policiales.
Pero hay otros responsables que también merecen un cero por su gestión. Uno de ellos es el actual secretario del Home Office, John Reid cuya gestión populista de la crisis terrorista pasada y su énfasis en crear pánico se situa en el origen de esta historia. Cero a la mayoría de los medios de comunicación británicos que en su afán de sensacionalismo hicieron eco de las locuras del ministro sin siquiera cuestionar la veracidad de algunas de las informaciones. Y naturalmente cero patatero a las autoridades policiales británicas que tampoco hicieron nada para detener y poner ante la justicia a los implicados en un acto ilegal cometido en una aeronave con bandera del reino unido y por tanto, de acuerdo a las leyes internacionales, en suelo ingles.
La conclusión de esta historia es por otro lado muy dolorosa. Por mucho que nos digan lo contrario, el racismo sigue siendo un hecho en el reino unido, tanto entre su tejido social, como en unas instituciones que ante un caso como este, son incapaces de actuar consecuentemente dejando a los verdaderos culpables, libres y con el mensaje equivocado.
Tras esta falta de respuesta por parte de las instituciones británicas, me temo que hechos como este se repetirán hasta la saciedad.
Un saludo
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